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Kim Phuc

"Mis queridos amigos, sueño para que algún día todo el mundo puedo vivir en la verdadera paz y no haya lucha, y ninguna hostilidad. Debemos trabajar juntos para construir la paz y la felicidad para toda la gente en todas las naciones" Kim Phuc

La pesadilla

Hace 40 años en Vietnam, en el escenario de guerras y masacre, una pequeña niña corre, dejando tras su espalda un hogar reducido a cenizas, mostrando un rostro agónico y desconsolado, con el cuerpo desnudo y ardiendo. Pero, ¿por qué está desnuda? y ¿por qué está ardiendo? ¿Cuál es la causa de tal infierno?

Una bomba. No cualquier bomba, sino napalm, capaz de incinerar cualquier rastro de vida, generando temperaturas de 1200° centígrados y alcanzando a esta pequeña niña, deshaciendo su ropa en segundos, llegando hasta su piel.

Y ella sólo piensa en seguir corriendo mientras los árboles en llamas se van quedando atrás. El dolor es incesante, se refleja en su cara, mientras en su mente únicamente existe el miedo, el temor provocado por los estruendos, por los objetos que siguen cayendo del cielo, por el dolor agudo que recorre ese frágil cuerpo y por la incertidumbre de un futuro incierto y aterrador.

No tan lejos se encuentra un fotógrafo quien observa con detenimiento, capturando esta impactante escena con su cámara, grabando permanentemente el rostro dolorido y el cuerpecito quemado de aquella inocente niña.

Dicha imagen se ha conservado hasta el día de hoy, siendo inolvidable y permaneciendo en la retina del mundo desde el momento en que salió a la luz. Fue merecedora al premio Pulitzer por el fotógrafo Nich Ut, quien mostró una cara diferente de la guerra, no como una simple lucha de poderes económicos y políticos sino como una locación de caos y desesperanza humana.

¿Y dónde quedó esta pequeña? ¿Acaso fue el final para Kim Phuc?

El 18 de junio de 1972, la aldea de Trang Bang fue bombardeada durante un ataque aéreo contra las localizaciones sospechosas de Viet Cong. Muchos murieron, pero la vida de Kim cambió para siempre.

A pesar de las espantosas quemaduras, Kim, de tan sólo 9 años de edad sobrevivió entre lo incierto, gracias al fotógrafo que la ayudó a escapar del horror que inundaba esa zona, la colocó en un vehículo y la acompaño hasta el hospital.

La niña aguantó el dolor hasta el momento en que fue atendida. Su padre la encontró totalmente destrozada pues, sus quemaduras de tercer grado cubrían el 70% de su cuerpo, mientras que los médicos perdían la esperanza de que se salvara. Pero no murió, dentro de ella había una niña pequeña y fuerte que se aferraba a la vida.

Kim fue trasladada de urgencia a una zona de seguridad e ingresada en otra de dotación quirúrgica asistencial. Su estado de salud no era nada alentador, haciéndola temer por su vida durante más de cuatro meses; gran parte de sus defensas se habían perdido y los procesos de rehidratación para contrarrestar los efectos del napalm eran realmente lentos y clínicamente complicados.

El tratamiento aplicado fue muy duro. Aunque Kim se encontrara inconsciente, el sufrimiento parecía no detenerse. Todos los días las enfermeras la colocaban en una bañera y cortaban la piel muerta. Kim llegaba a un punto en el que no soportaba el dolor y solía desmayarse a causa de esto.

Por seis meses más estuvo recostada boca abajo sin poder comer ni ingerir nada a causa de las quemaduras en los labios y la boca. Vivió entre transfusiones de sangre, suero y el sonido de un constante y repetitivo goteo.

Un poco después, Kim Phuc fue sometida a numerosos trasplantes de piel sobretodo en hospitales de la Habana. Del mismo modo, fue llevada al Centro de Curación de Quemaduras en Alemania, donde fue operada varias veces logrando que sus brazos recuperasen el 95% de su flexibilidad natural.

Posteriormente le arreglaron el cuello, la nuca, la cintura y todas las articulaciones de su cuerpo, aunque su total recomposición fue completada en Cuba.

Salida triunfal

A los dos años de la tragedia, contra todo pronóstico y por supuesto la ayuda de los médicos dedicados a su atención, Kim fue capaz de volver a su aldea, construyendo de nuevo su vida junto con su familia.

Diez años más tarde, abandonó sus estudios en medicina debido a que los agentes del gobierno se enteraron de que ella era la pequeña protagonista de aquella fotografía, por lo que fueron a buscarla para hacerla trabajar con ellos y utilizarla como símbolo de la guerra entre el pueblo.

Ni el enorme deseo de continuar estudiando, ni los suplicantes sollozos fueron suficientes para lograr que el gobierno cediera, causándole a Kim la impresión de haber sido siempre una víctima, perdiendo toda esperanza y queriendo morir.

Sin embargo en 1986, obtuvo la licencia para viajar a la Universidad de la Habana donde reanudó sus estudios. Posteriormente, conoció a Bui Huy Toan, un compañero vietnamita con quien se casó un poco después y tuvo dos hijos.

Todas las piezas del rompecabezas empezaron a acomodarse a la perfección para Kim Phuc. Luego de su luna de miel en Ontario, la pareja solicitó asilo político, el cual le fue concedido por lo que ella obtuvo la ciudadanía canadiense y se hizo miembro de la iglesia cristiana.

En 1996 fue invitada a participar en una ceremonia del Día de los Veteranos en Estados Unidos. Kim asistió expresando su perdón a los soldados que habían participado en la guerra y en seguida tuvo un encuentro con uno de los implicados, a quien perdonó abiertamente, llorando junto con él.

Al año siguiente instituyó la Fundación Kim Phuc, que posee como principal objetivo ayudar a los niños víctimas de la guerra a través de tratamiento médico y psicológico. Paralelamente fue nombrada embajadora de la "Buena Voluntad" de la UNESCO.

Internacionalmente es defensora de la paz, un símbolo vivo de los sufrimientos a inocentes de las guerras y portadora de un mensaje de perdón, reconciliación y tolerancia. Si no fuera por aquella foto y las cicatrices que deforman su cuerpo, al verla hoy con su sonrisa permanente y su buen humor, nadie imaginaría aquel pasado atormentador.

Cabe mencionar que Kim aún tiene contacto frecuente con el fotógrafo Nick, con quien comparte una amistad y lo llama "el Tío Ut", aunque más que verlo como un familiar, en realidad después de haberla salvado, mostró al mundo entero la valentía y tenacidad de esta gran mujer, Kim Phuc.

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