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Irena Sendler

Bastantes años atrás su nombre y su hazaña permanecían ocultas; fue hasta 1999 cuando su historia empezó a conocerse gracias a un grupo de alumnos de un instituto de Kansas y a su trabajo de final de curso donde hablaban sobre los héroes del Holocausto.

¿Qué tiene de especial esta mujer?. Pues nada más y nada menos que gracias a su valentía, ingenio, perseverancia y nobleza; a lo largo de un año y medio (hasta la evacuación del ghetto en Varsovia, en el verano de 1942) consiguió rescatar a más de 2.500 niños judíos por distintos caminos. Los salvó del suplicio en los campos de concentración, los salvo de la muerte segura dándoles la oportunidad de continuar con sus vidas.

Era 1939, Alemania invade el país de Varsovia, en ese entonces Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de ese país, tal departamento manejaba los comedores comunitarios de la ciudad. Allí trabajó incansablemente para aliviar el sufrimiento de miles de personas tanto judías como católicas. Gracias a ella, estos comedores no sólo proporcionaban comida para huérfanos, ancianos y pobres sino que además entregaban ropa, medicinas y dinero.

En 1942 los nazis crearon un ghetto en Varsovia, al ser testigo de tan desastroso e inhumano escenario decidió unirse al Consejo para la Ayuda de Judíos. Consiguió identificaciones de la oficina sanitaria tanto para ella, como su amiga Irena Schultz y otras compañeras; su tarea: la lucha contra las enfermedades contagiosas. Los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, asi que toleraban que los polacos controlaran el recinto.

Ella aprovecho la situación y como podía convencía a los padres de que les entregara a sus hijos. Esos momentos fueron desgarradores, las madres y las abuelas no querían desprenderse de sus hijos y nietos; Irena las entendía perfectamente pues era madre. Muchos padres accedieron y en otras ocasiones cuando Irena o sus colaboradoras volvían a visitar a las familias para intentar que cambiaran de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de concentración.

Toda esta situación llena de dolor le daba mayor fuerza a Irena para salvar a más niños. Primero los sacaba en ambulancias como víctimas de tifus, luego se valió de todo lo que estaba a su alcance para esconderlos y sacarlos de allí como en cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercaderías, sacos de papas, ataúdes... siempre buscaba nuevas vías de escape.

Gracias a ella también se elaboraron cientos de documentos falsos con firmas falsificadas en los que les deba identidades temporarias a los niños judíos. Ellos eran adoptados por diversas familias católicas y en conventos para evitar su traslado a los campos de concentración. En un principio los chicos que no tenían una familia adoptiva fueron cuidados en diferentes orfanatos y poco a poco se les envió a Palestina.

Y a pesar de tan desbastador escenario ella creía que en un futuro llegaría la paz, por lo que además de mantener a los niños con vida su objetivo era que después de que pasará esta pesadilla, ellos pudieran recuperar sus verdaderos nombres, su identidad, sus historias personales y a sus familias.

Para ello creó un archivo en el que registraba los nombres de los niños que salvaba y sus nuevas identidades. Apuntaba todos sus datos en pedazos pequeños de papel y los enterraba dentro de botes de conserva bajo un manzano en el jardín de su vecino. Allí aguardó sin que nadie lo sospechase el pasado de dos mil quinientos niños hasta que los nazis se marcharon.

Posteriormente los nazis se enteraron de sus actividades, por lo que el 20 de octubre de 1943 fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawiak . Irena era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos y por esa información sufrió las peores torturas; le rompieron los brazos y las piernas pero jamás dijo palabra alguna, se rehusó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos. Sin duda una mujer de gran voluntad y fe.

En un colchón de paja de su celda, encontró una estampa de Jesús Misericordioso con la leyenda: "Jesús, en vos confío". La conservó en aquellos duros momentos de su vida, hasta el año 1979 en que se la obsequió a Juan Pablo II.

Al no colaborar con los nazis fue sentenciada a muerte pero camino a la ejecución, un soldado la dejó escapar. Por otro lado los miembros de Zegota habían logrado detener la ejecución sobornando a los alemanes y así lograron que Irena continuara trabajando con una identidad falsa, desde entonces vivió en la clandestinidad y permaneció escondida hasta el final de la guerra, en la que continuó participando activamente en la resistencia.

Después de un tiempo ella misma desenterró los frascos y le entregó las notas al doctor Adolfo Berman, el primer presidente del Comité de salvamento de los judíos sobrevivientes. Utilizando las notas lograron reunir a algunos ahora adultos con sus parientes diseminados por todo Europa, lamentablemente la mayor parte de las familias de aquellos niños había muerto en los campos de concentración nazis.

Años más tarde cuando su foto salió en un periódico, luego de ser premiada por sus acciones humanitarias durante la guerra, "Jolanta" su nombre clave y como llamaban los niños a su salvadora, recibió la llamada telefónica de un hombre que le dijo: "Recuerdo su cara, usted es quien me sacó del Gueto." Y así comenzó a recibir muchos llamados y reconocimientos.

En 1965 la organización Yad Vashem de Jerusalén le otorgó el título de Justa entre las naciones y se la nombró ciudadana honoraria de Israel.

En noviembre de 2003 el presidente de la República, Aleksander Kwasniewski, le otorgó la más alta distinción civil de Polonia: la "Orden del Águila Blanca". Irena recibió tal reconocimiento en compañía de sus familiares y de Elzbieta Ficowska, una de las niñas salvadas y a quien se le nombra "la niña de la cuchara de plata".

Para el año 2007 el gobierno de Polonia la presentó como candidata para el premio Nobel de la Paz. Esta iniciativa propuesta por el presidente Lech Kaczynski contó con el apoyo oficial del Estado de Israel a través de su primer ministro, Ehud Ólmert y de la Organización de Supervivientes del Holocausto residentes en Israel.

Las autoridades de Oswiecim (Auschwitz en alemán) expresaron su apoyo a esta candidatura, ya que consideraron que Irena Sendler fue uno de los últimos héroes vivos de su generación; demostró una fuerza, una convicción y un valor extraordinarios frente a un mal de una naturaleza extraordinaria. Finalmente el galardón fue concedido al ex vicepresidente de los EE. UU., Al Gore.

Irena paso su vejez en un asilo de ancianos al centro de Varsovia; en su habitación siempre decorada con flores, abundaban las tarjetas de agradecimiento que le llegaban de todas partes del mundo.

A pesar de que llevaba años encadenada a una silla de ruedas debido a las lesiones causadas por las torturas a las que fue sometida por la GESTAPO, jamás se arrepintió de lo que hizo. Y tal es la sencillez de esta mujer que nunca se consideró una heroína: "Yo no hice nada especial, sólo hice lo que debía, nada más", "La razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad."

Irena Sendler nació el 15 de febrero de 1910 en Varsovia y falleció a los 98 años, un 12 de mayo del 2008.

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